«La ludopatía me quitó la infancia de mis hijos». ¿Cuál es el peligro del ‘boom’ de las casa de apuestas?

Una persona con ludopatía cuenta su calvario y alerta de los riesgos de las apuestas por internet. «Están enganchando a gente joven».

José G. es uno de los fundadores de la Hermandad Andaluza de Jugadores Anónimos, una asociación de ámbito local que trabaja para rescatar de la ludopatía a personas que se enganchan al juego. «Son personas que están enfermas». Lo sabe porque él mismo ha pasado por ello. Y alerta del aumento del juego en internet y de las casas de apuestas, que han florecido por la ciudad en los últimos años. «Esas personas famosas que las anuncian, presentadores, futbolistas… No sé si saben el daño que están haciendo a tantas personas, y a sus familias. El juego destroza la vida. Me sentarían con esos presentadores, jugadores del Madrid… Y les explicaría las consecuencias de esos anuncios».

Tras muchos años, él ha aprendido a perdonarse. Comenzó con la asociación en el año 1.999, y no ha vuelto a jugar desde 2.0003. «Jugué durante 25 años. Lo tengo asimilado, eso es tiempo perdido. Me perdí la infancia de mis hijos, perdí mi trabajo… Me echaron porque robé dinero de la caja para jugar», cuenta.

Denuncia que las casas de apuesta que han surgido últimamente por la ciudad no sólo son un problema por las consecuencias que generan, sino que directamente están incumpliendo la Ley. «Me llega gente joven, con 18 años, que me dice que lleva desde los 14 apostando allí, cuando te tienen que pedir el DNI en la puerta y ser mayor de edad. Además, si no pides el DNI, te saltas la autoprohibición». La autoprohibición es un documento que la persona que sufre ludopatía puede pedir en Hacienda para que se le restrinja el acceso a locales de apuestas. «Nadie les mete mano, no sé por qué. Da qué pensar. Tienen mucho poder para saltarse la Ley, es como si tuvieran a gente en los Gobiernos que miran por esos negocios».

El problema del nuevo ‘boom’ de las apuestas es que «ya no necesitas ni irte a la calle a jugar. Desde el mismo ordenador apuestas. Estoy recibiendo en la asociación  a más personas con 18 o 20 años que juegan por internet que ludópatas de toda la vida de máquinas tragaperras». En ese sentido, es de destacar cómo muchas casas de apuestas se ubican en barriadas deprimidas, donde enganchan a jóvenes en paro en busca de una oportunidad, lo que se suma al bombardeo continuo en anuncios de internet para apostar online.

La ludopatía es un problema que lleva al extremo a una persona. «Mucha gente cree que el mayor problema es el económico. Y el ludópata pide ayuda cuando está con deudas hasta el pescuezo, pero es un tema que nosotros consideramos secundario. Gente que cuando se ve sin deudas se cree que se ha curado, y no. Esto no es una pastilla que te tomas y te curas, es un esfuerzo diario. Aplicamos los doce pasos de Alcohólicos Anónimos en terapias de grupo. Esto es una enfermedad para toda la vida. Hacemos mucho daño a nuestro entorno. No es que nos volvamos mentirosos, es que somos catedráticos de la mentira».

En su caso, recuerda que «si había turno partido en mi trabajo, a veces me lo saltaba con cualquier excusa para jugar, ya fuera tragaperras, cartas, dominó… Lo que fuera. Lo que pierdes es el tiempo. En días de descanso podía levantarme a las once de la mañana para irme a jugar y volver a las cuatro de la madrugada. No era por el dinero, era porque me gustaba jugar. La apuesta era lo de menos. Una vez que juegas y pierdes, sigues jugando para recuperar. El problema es que yo no tenía control».

Existen tres tipos de jugares: El profesional, que teniendo una buena o mala racha sabe cuándo parar. «Ese no tiene un problema, asume las pérdidas como parte del negocio y está jugando el tiempo que quiere jugar»; Luego está el jugador social, donde entraría quien apuesta con un cupón o se va al bingo «diciendo que se va a gastar 20 euros y si se tiene que ir a hacer algo cuando aún le quedan 10, se va. Ése también puede controlar. «El problema es el jugador compulsivo, que pierde la noción del dinero que juega y del tiempo que pasa jugando. Cuando juegas, no necesariamente llevas dinero encima. Se lo pides al ‘amigo’ de la barra en el bar que te los presta para que sigas echándolo en la tragaperra». Y José G. alerta de que hay mafias de prestamistas alrededor de muchos locales de apuestas en Jerez. «Se ponen en la puerta y te lo prestan sin firmar nada y sin tener que decirles ni tu nombre. Da qué pensar por qué lo prestan y qué pasa si no pagas».

Desde la asociación mandan un mensaje a las personas que caen en las garras de las apuestas: «El juego te promete fortuna, pero te la acaba quitando siempre. Te promete amistades, pero te las va a quitar. Sólo te acaba quedando una cosa: La esperanza de que tu mente sea lúcida y pidas ayuda». El estigma del ludópata es que la sociedad no lo toma como gente enferma. «A mi propia esposa le costó tres años entender que yo no era una persona viciosa, sino una persona enferma. Y las administraciones no apoyan a estas asociaciones».

Para ‘rescatar’ a alguien del juego, existe una norma no escrita: «No podemos decirle nada a quien está jugando desde la asociación. Porque la respuesta del ludópata es que no te metas. Tenemos que intervenir cuando la persona nos pide ayuda, cuando te llega ese momento. Hasta entonces no podemos hacer nada».

La terapia para luchar contra la adicción se muestra importante en su componente social, en compartir experiencias con otras personas. «Yo fui al psiquiatra y lo que me dijo fue que podría ayudarme a encontrar la razón por la que jugaba, el problema de fondo, pero para acabar con la adicción tendría que hacer terapia con otras personas en esta situación».

En la Hermandad Andaluza, que desarrolla su actividad en una Iglesia de la Zona Sur, existen dos terapias: La de los afectados directamente por la ludopatía y la de los familiares. «Asumes que tienes un problema. Primero te perdonas a ti mismo, y luego esperas a que tu entorno te perdone por lo que les has hecho. Eso es doloroso. Si te quedas pensando en lo que has hecho, la recuperación no funciona. Ambas partes, tu entorno y tú, tenéis que hacer borrón. Lo que vale de lo que haces hoy es sembrar para el futuro, no puedes cambiar el pasado».

Para aquellos que necesiten ayuda, la asociación dispone de dos teléfonos para recibir información y ayuda:

687 74 81 15 – José

603 58 42 59 – Pepe

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*