Azules contra amarillos en Chapín

Por Pablo Fdez. Quintanilla

‘Contra-crónica contra-corriente’ de una tarde de fútbol en el municipal, en la que el FC sigue luchando por la Tercera.

De todas las noches de gloria y fracaso del Xerez, al pasar por la banda de preferencia aún recuerdo la trotada de Arbeloa, entonces lateral derecho, para romper el partido en favor del Madrid. En el borde del área de Fondo Sur, también recuerdo cómo Camuñas amagó con pegarle a una falta y lo que hizo fue un globo lento, con un arco que llegaba hasta los cuatro o cinco metros de altura que cayó hacia la cabeza de Geijo lentamente, como un balón de playa. Son recuerdos aleatorios de fútbol, de auriculares, de otro año que no subimos a Primera. Ahora, es el Deportivo FC el que se la juega para ascender a Tercera. Una inmensa mayoría de la gente desconoce la trascendencia de este futurible. Si sube, lo hará ya a una categoría donde casi todos los futbolistas cobran, algunos incluso cuantiosamente. La gloria está en 2ª B, categoría mínima a la que aspira por historia una ciudad como Jerez. Pero Tercera será un sabor especial, ya dulce.

Esta crónica no es futbolística, pero va de fútbol.

Va de niños que comen pipas en la grada y amagan con tirarte las cáscaras encima cuando vas por la pista de atletismo con la cámara al hombro. Va de benditas contradicciones. Va de gente que pita un cambio porque no está conforme con la actuación del jugador y al comprobar que el resto de la grada aplaude, él hace lo mismo. Va de hombres y mujeres que sufren más tensión muscular que el futbolista.

Es medio del club, lo que significa que hay que pagar la mitad del precio de la entrada normal a pesar de ser socio. Me ven cara de entender bien cómo funciona aquello. “¿La entrada se compra en la sede?”. “Sí”, contesto, porque creo que sí. Luego resulta que no, porque veo a socios en las taquillas del estadio. Que me encuentre si le indiqué mal, que me disculpo.

El fútbol no lo inventron los argentinos pero es como si lo hubieran hecho, dicen. Me parece un insultante tópico. ¿Qué hacen en Argentina que no hagamos aquí? En España, en Andalucía, en Jerez, cuando un futbolista mira a otro a los ojos también lo mira como diciendo ven aquí te voy a matar, te-arranco-el-alma. Es como decir que los asesinatos lo deberían haber inventado los italianos porque los italianos asesinan bien, como si el asesinato no fuese de toda la humanidad.

De todos mis recuerdos de Chapín, me quedo con el olor a hierba. Y esta vez no huele a hierba. Fui socio muchísimos años, y es como si hiciera otros muchísimos desde que no iba, aunque en realidad no hayan sido tantos. Chapín sigue siendo Chapín, con su hoy y antes hortero color gris desalmado sobre unas sillas beige. Con sus techos altos donde los que volvimos del exilio de Sanlúcar y La Juventiud comprobamos que ya nuestro campo no se mojaba como los demás.

Nos han expulsado a uno. Mierda, dice alguien a mi lado. No entiendo qué ha ocurrido, si ha dicho algo al árbitro o ha habido agresión a un contrario que, como bailando, se había estado retorciendo con él en el suelo. La gente aplaude al expulsado. Eres de los nuestros, le vienen a decir.

En el descanso hablo con un gran tipo que frecuentaba, que siempre alegra verle. Lleva camiseta azul con el escudo del Club Deportivo, el de toda la vida. Se siente el único que la lleva, aunque nadie le diga nada. Yo pensaba que sí, pero alrededor, en la grada, se imponen las camisetas del FC.

Depende de a quién preguntes, hay un Xerez y luego está el otro. Está el que no entiende la ‘traición’ de crear un club sucesor sin que haya muerto el padre. Está el que ha creado una ilusión y se resistió a ver cómo lo seguían matando cada día. Uno es del Xerez o del otro Xerez. Hay quien dice que ojalá se fusionen, algo imposible, dicen. Hay quien dice que los otros son los otros y nada, enhorabuena y a otra cosa. Otros que dicen ahí también van los míos. Dicen eso de que no todo es negro o blanco. Aquí uno no puede decir que no todo es un azul u otro azul, porque el pantón es el mismo azul.

Pienso en lo que me dijo este amigo del escudo del Club Deportivo, y no será hasta el final del partido cuando caiga en que la pancarta del Kolectivo Sur (de los nuestros) lleva el escudo de toda la vida.

La primera parte atacamos a veces. En la segunda otras veces no lo hacemos. Nos anulan un gol. Un gol anulado, todos lo saben, es una cuarta parte de gol, al menos por un ratito. Cuando te han anulado un gol, deberían poner en el marcador 0-0 pero con un asterisco. Tuvo el Xerez asterisco y subió, y la gente animaba, todos. Arriba. 0*-0. Tamayo pisaba. Caracoleaban por la banda con la pierna fresca. Ya el árbitro no importaba. Aquello era imparable, el gol iba a llegar y el ascenso iba a quedar sentenciado. Y se borró el asterisco y la última del partido la tuvo el Conil, que viste de amarillo, y gracias a que ese de amarillo no se llamaba Lucas Lobos porque la cruzó con potencia pero le pegó casi al muñeco. Rasita. Uf. Empate. Otro domingo, otro saludo a la afición, al Kolectivo.

Podrán decirme lo que quieran. Seguramente, para muchos, que es que me subo al carro. Pero después de tantos años que si fuera de Jerez, que si trabajando, que si una cosa y ahora qué hacemos, el partido, que ya no olía a tarde menor sino a gran tarde, a tarde profesionalística, prácticamente lo tengo decidido. Me subo al carro. Que no se lleven a Tamayo ni nada por el estilo, sólo pido eso. Venimos a pisarla de espaldas, a bajarla, a rematar.

“¿Hoy ganamos?”, le pregunté a un colega al empezar, periodista. “¿Ganamos? Pero, ¿tú cuántas veces has venido a verlo?”. Muchas. Ya era socio con siete años. Yo jamás dejé de ser del Xerez.

 



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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