José Luis García Sánchez y Gonzalo García Pelayo: Rebelión contra la españa de los idiotas

José Luis García Sánchez (Salamanca, 1941) ha hecho mucho cine, muy bueno y muy cerca de lo que se puede llamar ‘cine español’, al que defiende a espadazos frente al que viene de fuera. Por esas cosas de la vida, quizás sea recordado paradójicamente por su guion de Belle Époque, que obtuvo el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Gonzalo García Pelayo, de origen jerezano pero nacido en Madrid (1947), también ha hecho mucho cine, y muy bueno, desde la Transición, que además ha destacado como productor musical en el rock andaluz y el flamenco desde los 70. Paradójicamente, también, quizás sea recordado por idear y ejecutar un plan para ganar a la ruleta aprovechando las matemáticas y las mínimas desviaciones estadísticas de cada aparato, una historia llevada al cine bajo el nombre de ‘Los Pelayos’. Ambos pasaron por la Bonald hace unas semanas para hablar del cine en La Transición, aunque departieron sobre la vida. LaFronteraHOY los entrevistó en el despacho de Caballero Bonald antes de la conferencia-debate. La lectura requiere atención ante palabras inteligentes, irónicas a menudo y, sobre todo, en rebelión contra los cánones actuales de personajes públicos que ni chicha ni limoná. Sinceros, y sin miedo a que sus palabras sean objeto de inquisición.

-En el cine y en la política, ¿cualquier tiempo pasado fue mejor?
García Sánchez: En absoluto, no fue mejor. Eso es una miserabilidad.
García Pelayo: No. En mi última película digo una frase, que es que hay que tener nostalgia del futuro, exactamente lo contrario. Puede haber aspectos a lo mejor, pero cualquier tiempo pasado en general no fue mejor.

-¿Ni siquiera en cuanto a valores?
GP: Tampoco, esa visión negativa, de que estamos en el peor de los mundos, es falsa. Será la primera vez en la historia en la que sólo tres países no crecerán. La última vez que ocurrió algo parecido, fueron 20 los países que no crecieron. La economía no es el único valor importante, pero sólo eso ya hace de 2018 un año bendito y santo.
GS: ¿Alguna vez hemos disfrutado de la actual libertad de costumbres? Ahora, los gays y las lesbianas, por ejemplo, problema ninguno. Ahora la gente sin carrera, tratada con igualdad. Hay una gran libertad.

-¿Y por qué esa sensación? ¿Esa desidia, indignación?
GS: Yo no la percibo. Sí que hay gente que nos lo quiere hacer creer. La derecha, por ejemplo, cuando dice que la Dictadura tenía cosas buenas. Quiere defenderlo por nostalgias.
GP: Y la izquierda quizás necesita también una especie de enemigo, para decir que ellos lo van a mejorar. La vida no se diferencia entre gente de izquierdas y de derechas, sino entre idiotas y sensatos. Lo que pasa es que ahora los telediarios, las redes sociales, magnifican a los idiotas.
GS: Los idiotas venden muy bien, y venden mucho.

-¿Cuál es el estado de salud del cine?
GS: La industria del cine está en crisis, pero hay cadenas de televisión con oferta muy interesante.
GP: El cine está peor, pero es un asunto de formato. El disco, por ejemplo, está en crisis, pero a la vez hay más conciertos que nunca, por lo que la música no sufre esa crisis. Simplemente ha cambiado para siempre la forma de consumir.
GS: ¿Te has dado cuenta de que en todo lo que nos preguntas estamos sincronizados?

-Netflix, HBO… ¿Tienen? ¿Ven series?
GS: Yo me he resistido siempre a las series. Ahora estoy viendo una y es una mierda, pero no te puedo decir cuál. Nunca había visto series ni televisión. Yo era espectador de bar, para ver un partido, pero en casa nunca he visto televisión.
GP: Yo apenas veo series. He visto alguna, pero las de ahora no las sigo. Tengo especial antipatía hacia Netflix, porque estuvo a punto de comprar una película mía, pero al final no lo hizo. Me gusta llevar estas cosas al terreno personal y de la gente.
GS: ¿Has visto? ¿Por qué Netflix es una mierda? Porque no le compró su película.

-¿Hoy Rafael Azcona podría hacer el cine que hizo? (El pisito, el Verdugo…)
GS: No, porque hoy las productoras no admiten que hagas lo que quieres sino lo que ellas te piden. Y eso Rafael no lo habría admitido jamás.
GP: Pues yo estaría encantado de que me llamaran, pero no lo hacen.

-¿Con qué se quedan del cine de hoy?
GS: Se hacen muy buenas películas, lo que ocurre es que no las vemos. Hay que mejorar los canales. Las salas de cine están cerrando.
GP: Y tiene que interesar ese cine. Yo he puesto el mejor canal, tres películas en mi página web, www.gonzalogarciapelayo.com, y nadie las ve. Están regaladas, es gratis.
GS: Pues habría que pedir a un chico de la prensa que ayude a que entren, a ver si así (dice en referencia al entrevistador).
GP: Lo que estamos perdiendo es un público interesado.

-En los festivales, que deberían ser los canales, meten cada tostón…
GP: En los festivales se ve el peor cine del mundo, exceptuando las mías y las de Pepe (García Sánchez). Nunca he visto tantas películas seguidas tan malas como en los festivales. En San Sebastían vi diez seguidas, porque ya que voy siento que tengo que sentarme a verlas, y las diez eran espantosas. Los festivales de cine son el gran draude reciente. ¿Buena? Pues una de cada 20. Los festivales se creen que tienen la sartén por el mango, y los detesto porque me han hecho muchos feos. Me dicen que mi pelíucula no es comercial, pero, entonces, ¿para qué un festival? Me dijeron: ‘Tu película le gustaría a Almodóvar, pero yo no la daría en mi festival’. ¿Pero tú quién eres para decir eso? Pues si le gustaría a Almodóvar, como dices, so idiota, la tienes que dar. Ahora tienen que ser comerciales.
GS: Y eligen así: una ecuatoriana, una colombiana, otra de risa…
GP: Otra de una mujer… Eso es el marquetin, interesar sólo para el éxito. Cuando vas de una forma franca, te parece increíble, no porque el cartel sea malo, sino porque es muy exclusivo. Y lo que se presentan son malísimas imitaciones. Pasa como en el arte moderno, que por lo general son malas copias de Kandinsky, de Picasso. Hay buenas, claro, están Kandinsky y Picasso, pero la mayoría son malas copias.
GS: En Arco ocurre lo mismo. El criterio mercantil frente al artístico.

-¿Cuál es la última película que les ha emocionado?
GP: La última que he visto, Los Orgullosos (Yves Allégret, Rafael E. Portas), pero es del 53. De este tiempo, la película sobre Sefan Zewig, no recuerdo ahora el nombre pero es magnífica (nota del entrevistador: ‘Stefan Zweig: Adiós a Europa’, Maria Schrader, Austria, 2016).
GS: Yo sólo hablo del cine español, para no hacer propaganda, que ya tienen suficiente. No me acuerdo, pon la que tú quieras.

-¿’Selfie’? De su hijo, Víctor García León.
GS: Ésa, aunque es antigua ya.
GP: Es de hace unos meses.
GS: Pues ‘Selfie’, y si no, una de Gonzalo.

-¿España está más berlanguiana?
GS: Berlanga retrataba. Viniendo para acá, he visto a un hombre deforme, retrasado mental, con un síndrome de algo, cantando flamenco puro, ortodoxo. ¿No es eso berlanguiano? ¿Cristina Cifuentes no es berlanguiana?
GP: No lo había pensado.

-¿Y Cataluña? ¿Es berlanguiana?
GS: No, es berlanguian, o como se diga en catalán.
GP: Lo de Cataluña tiene tanta malaje…
GS: Hay que decir que todo patriota es un criminal. En Cataluña hay unos señores que pagan ese patriotismo.
GP: Y así surgen las banderas aquí. Pero hay que diferenciar. Nosotros, en España, necesitamos una cierta cohesión social, que la hay en otros países. El exceso puede ser criminal, pero hay que tener un nexo.
GS: Ese nexo no es patriotismo; es civilización, coherencia.
GP: En Portugal, significa el pasado común, la lengua, las ideas, lo que quieren hacer, su literatura… En España hemos estado a rebufo. En Cataluña se lleva como ser parte de una secta.

-¿Han puesto o pondrían una bandera en su balcón?
GP: No tengo bandera de España, pero no me importaría. Me gusta sentirme parte de un movimiento, al mismo que tiempo que mucha gente. Soy un gregario irredento, y quisiera serlo más.
GS: Yo pondría una bandera pirata en mi balcón. La española, de ninguna manera.

-¿Y la republicana?
GS: esa es peor, es la historia de un fracaso.
GP: Es un momento negro. A mí me gusta que se respeten los contratos. Hemos pactado esto, una fidelidad a la Constitución, pues no des por culo, hombre. ¿Que hay que romper todos el pacto? Pues lo rompemos, y si se cambia, querré entonces que sólo se saque la republicana.
GS: Yo lo que quiero que se rompa es el concordato con El Vaticano mientras en las iglesias no haya retretes, con la pasta que le damos a los curas.
GP: De alguna manera, nuestra Constitución otorga una cierta preferencia a la Iglesia Católica. Si no gusta, es modificable. Además, con no darles el dinero.
GS: No, es el Estado el que se lo da, aparte de la renta. Además, ¿qué tiene que ver esa preferencia con que no haya retretes?
GP: Eso es una azconada ya de él.

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