‘Jerez, Cádiz, China’

Por Margarita Muñoz

Mi padre, igual que mi madre y que gran parte de la familia de cada uno de ellos, nació en Cádiz. Nació y vivió en Cádiz durante bastante tiempo. Trabajó en Cádiz, y me tuvo en Cádiz. Cuando nací, me crió en Cádiz, junto a mi madre, durante mis primeros años. Y cuando ella consiguió una plaza fija como maestra en Jerez, mi padre se mudó con nosotras. Y se hizo jerezano. Como el que más.

Mi madre quiere volver a vivir en Cádiz. Siempre lo ha tenido en mente, pero ahora que le queda poco para jubilarse, mudarse a la ciudad donde nació y que ama y donde está toda su familia es algo más que una simple posibilidad o que un mero deseo. Pero a mi padre la idea no le hace tanta gracia.

Se ha acostumbrado a Jerez. En Jerez tiene amigos, vecinos, conocidos, plaza de parking en su mismo edificio, el centro, la plaza de Abastos, la biblioteca. A veces, cuando pasa por La Asunción, ve al Capullo desayunando en el Bar El Cazador. Le gustan los baratillos del domingo en la Alameda Vieja, le gusta pasear durante horas. Le gusta salir en coche. A la vuelta, aparca sin mayor problema. Cuando era más joven, iba en su bici roja de Jerez a Estella del Marqués por la carretera.

Y por supuesto, tiene sus bares. Tiene el bar del segundo café de por la mañana, y los del descafeinado de máquina de por la tarde. Y luego está el del primer café. Mi padre se levanta antes que nadie todos los días, porque a las 7:00 en punto abre el bar de Guan. Guan y Li son un matrimonio que inmigró desde China y abrió un bar en Princi Jerez. El bar se llena. Se llena de verdad, que lo he visto yo. Hay gente que espera a que haya mesa libre. Hay gente que se lleva las labores y se sienta junta a hablar, a coser, a desayunar. Hay gente, como mi padre, que se ha hecho amiga de otros habituales, antes desconocidos, y se ven cada día a la misma hora para el primer café.

El bar de Guan y Li se ha convertido en una institución en la zona, en el barrio. Mi padre, que no es de Princi, va todos los días. La comunidad, la ciudadanía, Jerez, los ha acogido, los ha hecho parte inherente suya. Le llaman a él Guan con un deje en la G que hace que parezca que en realidad el nombre es Juan. “Me voy al bar de (G-J)uan”. Y no es ironía, ni cachondeo. Es cariño, es integración.

Li tuvo que ir a someterse a una operación a su China natal y el seguimiento por parte de los clientes de su estado de salud, de su evolución, de su vuelta, fue de una implicación y una atención conmovedoras. Jerez ha acogido a Li y a Guan exactamente igual que en su momento acogió a mi padre, que venía de más cerca. Espero que les guste tanto la ciudad como ha llegado a gustarle a mi padre. Y que se queden, ellos que pueden. Y que la hagan crecer, la diversifiquen y se sientan como en casa. Que para eso estamos.

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