‘El gran golpe’

“Los españoles no podemos decir que nuestro país sea aburrido. Somos una auténtica caja de sorpresas”.

Por Dévika Pérez

De un referéndum ilegitimo hasta una moción de censura, pasando por la huida del presidente de la Generalitat, la aplicación del art. 155 de la Constitución, una consulta a las bases para comprarse un chalet de 600.000 euros… Sin duda, nuestro año ha sido de película.

La moción de censura ha vuelto a hacer que la mayoría de los españoles saquen su titulación de Derecho que llevan guardada debajo del brazo. Y si en su momento votar era ilegal en Cataluña, ahora presentar una moción de censura para establecer un gobierno sin elecciones es calificado por estos magistrados del Tribunal Constitucional en potencia como ilegitimo. Estos mismos son los que rechazan al nuevo Presidente del Gobierno afirmando que ellos no le han votado.

¿Es nuestro Gobierno un Gobierno ilegitimo? Llama la atención que aquellos que defienden la Carta Magna a capa y espada se olviden que eso también viene en la Constitución. Están degradando el art. 113 que recoge la moción de censura. Mecanismo que es igual de válido que la investidura tras las elecciones.

¿Cual es el sentido de este mecanismo? A modo de ejemplo, imagínense un presidente que no tiene mayoría absoluta. El partido de esa mayoría minoritaria es condenado en sentencia como partícipe a título lucrativo en una trama corrupta. Ante esta situación, lo lógico es que el Presidente disolviera las cámaras. Pero si ese presidente de Gobierno se encierra en su torre de marfil y decide no disolver las cámaras y no dimitir tienen que existir mecanismos para hacer que ese individuo y ese partido dejen de mantener el poder.

¿Porqué la moción de censura implica un nuevo presidente ipso facto? Nuestro sistema ha aprendido de Alemania, donde tras la nefasta experiencia de la moción de censura en la República de Weimar estableció la figura de la moción de censura constructiva. La censura de un Presidente de Gobierno supone la elección de otro candidato con el apoyo de la mayoría parlamentaria para evitar la inestabilidad política.

Cuando se inviste a un presidente tras unas elecciones, no es que los españoles hayamos elegido al candidato. España es una Monarquía Parlamentaria con base partidista. Nosotros elegimos a los diputados de nuestra circunscripción por la lista del partido correspondiente y ellos son los que eligen al Presidente del Gobierno. Normalmente, suele ser la cabeza de la lista del partido más votado, pero en un sistema como el nuestro no es censurable que la unión de dos partidos afines sumen más diputados que el más votado y elijan al Presidente del Gobierno.

Por tanto, si la representación ciudadana que se encuentra en el parlamento es la elegida en junio de 2016 y se consideró legítima para apoyar la investidura de Rajoy, es también legítima para respaldar la moción de censura.

Y quién nos iba a decir, que Pedro Sánchez, después de fracasar en pactos con otros partidos, abandonar su escaño de diputado, luchar contra el aparato del partido socialista encabezado por Susana Díaz, recorrerse España en coche, denunciar ante Jordi Évole una persecución del Establishment, acabaría dando el gran golpe.

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