‘El error de Iglesias y Montero’

“Parece que hay dos tipos de izquierda en este país: La que ya se ha pegado el tiro en el pie y la que se lo acabará pegando”.

Por Pablo Fdez. Quintanilla

Hay un programa de humor ‘rojo’ denominado ‘No te metas en política’ que se emite íntegramente y de forma gratuita por internet. Uno de sus presentadores, Miguel Maldonado, comparó Podemos con Sonic, el personaje de videojuegos de los noventa. Decía algo así como que, al igual que el erizo azul, Podemos iba cogiendo monedas, y monedas (votos, respaldo) hasta que de repente la gente se daba cuenta de que son “imbéciles” (las comillas, para culpar a otros, pero igualmente pudo decir ‘idiotas’ o ‘gilipollas’) y las perdían todas, como cada vez que Sonic era atacado por un enemigo. Lo tiene todo hasta que de repente, ‘pim-pam’, vuelve a la casilla de salida. Quizás no lo pierde todo, y quizás lo de gilipollas o imbéciles son expresiones usadas con exageración en el contexto humorístico de los presentadores que suelen ser muy irónicos con la izquierda a la que pertenecen.

Y la metáfora, un poco friki que difícilmente compartiría alguien que nunca haya jugado al Sonic, me parece bastante acertada.

En el contexto político actual, de cuatro partidos y democratización de voces a través de las redes, es sencillísimo caer en crisis reputacionales. Quien se dedica a la política se expone cada día con sus declaraciones, y se expone también con su vida privada.

¿Han robado un solo euro Pablo Iglesias e Irene Montero? No, que es mucho más que lo que pueden decir algunos políticos de este país que se han ido de rositas.

¿Qué problema hay con que una pareja que se lo puede permitir se pille una casa por algo más de medio millón de euros? Ninguno. Y, sin embargo…

Supone una crisis de legitimidad porque Iglesias y Montero no son una pareja más. Ostentan el liderazgo de un partido que aspira a ganar con métodos y formas, en principio, ajenas a las tónicas políticas normales, a las que estábamos acostumbrados. Iglesias y Montero no pueden desonectar de la calle. Paradójicamente, si se fueran a un piso de Vallecas por una cuarta parte del precio de esa casa, tendría disponible cada día un nivel de renta con la que pagarse lo que les diera la gana, y precisamente entrampándose es más difícil que eso ocurra. Y, sin embargo…

Es cuestión de ofrecer la pulcritud de la que a menudo han carecido líderes políticos. No hablamos ya de ir a una mani con un iPhone en la mano, aquella tontá de que la izquierda tiene que ser pobre y solo pobre. De hecho, entre clases sociales, puestos a defender los intereses de una que no sea la suya, prefiero que esa desconexión se produzca cuando el rico defiende políticas de izquierdas que le tocan el bolsillo respecto de quien siendo un desposeído acuda a votar engañado por los intereses de la clase propietaria de los medios. No me importa que Pablo Iglesias e Irene Montero se monten en el dólar. Lo que me importa es qu el partido que toma el relevo, se quiera o no, del 15-M, se olvide de la calle.

Por desgracia, parece que hay dos tipos de izquierda en este país: La que ya se ha pegado el tiro en el pie y la que se lo acabará pegando.

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