EDITORIAL. Ellos dicen mordaza; nosotros, que a menudo llueve

España y los reaccionarios que la dirigen están envejeciendo mal, muy mal. Es urgente una reforma de este sistema de mordaza y censura.

Evaristo Páramo, cantante de ‘Gatillazo’ y líder histórico de un grupo mítico como ‘La polla records’, fue retenido al término de su actuación en el Primavera Trompetera festival por la Guardia Civil. Le tomaron los datos porque había proferido desde el escenario la frase: ¡Policía, hijos de puta! Seguramente, sacada del contexto de un concierto, a algunos podrá resultar chocante, pero de ser sancionado administrativamente -si no penalmente- sentaría otro prcedente muy grave en la situación democrática de nuestro país. Tenemos un problema en estos tiempos en los que todo resquicio de censura parecía superado. Llama la atención que ocurra tras tantas décadas de punk en España. Llama la atención, principalmente, porque vamos para atrás. Llama la atención porque la libertad de expresión ha amparado muestras casi sin límite y ahora no. Hoy, grupos como Kortatu lo tendrían negro. Pero no sólo Kortatu, un grupo que malintencionadamente se trató de relacionar con el terrorismo, sino que otras manifestaciones mucho más ‘mainstream’ como Mago de Öz o los primeros discos de Extremoduro no pasarían el filtro de la mordaza del PP.

Es de vergüenza para un país que haya raperos en la cárcel, cuyo único delito es decir, emitir, cantar. Sólo pocas palabras, las que uno adelanta sin duda a la comisión de un delito, son las que deberían ser punibles. ¿Quiénes serán los siguientes? Ya fueron titiriteros los perseguidos, ahora van a por la música… Pronto, a este paso, será el cine y la prensa. Pero no sólo aquellas manifestaciones que tienen un afán provocador, que en cualquier caso deben estar amparados por esa libertad, sino que nos encaminamos a que lo que ha sido aceptado socialmente sea también perseguido. Esto va a generar una sensación pública de ilegitimidad de los poderes coactivos del Estado que, unidos al llano miedo, amenaza la libertad de todas y todos.

¿Qué límites tiene la libertad de expresión? Cómo decíamos, el anticipo de la comisión de un hecho delictivo. Decir ‘policía, hijos de puta’ no lo supone, e incluso, en último término, la respuesta exageradísima de la administración, de los poderes del Estado, daña de verdad su imagen más que un insulto inocuo que no tiene que gustar a todos. ¿Qué no habría amparado? Que un cantante llamase a apalear a los miembros de seguridad de un concierto, por ejemplo, pues supone una propuesta real de la comisión de un delito.

Además, supone un doble rasero tremendo el que existan organizaciones abiertamente revisionistas, xenófobas, filonazis, en nuestro país, sin que tengan la censura de la administración. ¿Por qué ese empeño en cargar de culpas a una parte de la sociedad? ¿No es eso un uso torticero del ordenamiento jurídico?

No sólo estamos con Evaristo Páramos, sino que estamos con todos los que vendrán a este paso. Defender la democracia, defender la integridad de nuestro Estado, significa rebelarse contra las decisiones de quienes ostentan el poder. El asunto de Evaristo Páramos debiera centrar una parte del debate político actual. Es urgente una reforma de un sistema censor. Tenemos menos libertades que en los 80 y los 90. La prueba es que entonces Evaristo Páramos ya cantaba, y lo hizo con libertad. España y los reaccionarios que la dirigen están envejeciendo mal, muy mal.

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