EDITORIAL: ‘De sentido común’

La retirada del callejero de nombres a los que todos estamos actostumbrados y que se han normalizado parece cuestión de meses. Puede ser uno de esos elementos ajenos a la gestión del día a del Ayuntamiento que marque la próxima campaña electoral, toda vez que será un asunto en primera línea de debate. Lo fue la retirada del busto de Pemán hasta el día en que un juez dijo que la declaración de Ana Fernández de Cosa en referencia a las funciones del escritor durante la Guerra Civil no eran punible.

Después de que todos los gobiernos municipales hayan pasado de puntillas sobre la Memoria Democrática, la Ley de Memoria Democrática que aprobó la Junta desplaza la responsabilidad. Ya no es preceptivo quitar esas calles, ahora se infringe una Ley si no se hace. Y es una norma extensiva, pues no sólo habla de la Guerra Civil sino de todas las figuras del franquismo. No en vano, el poder político que se constituyó en base a un Golpe de Estado tiene la misma legitimidad que éste. No sólo hablamos de responsabilidad pública, sino también privada. ¿Qué va a ocurrir con los honores a un ministro franquista nacido en Jerez como fue Lora Tamayo?

A poco más de un año para las Municipales, no ha surgido un debate público necesario, como es renombrar la principal avenida de la ciudad una vez que ese nombre sea retirado. Y la misma importancia tienen el resto de calles. Cierto es que el Comandante Arturo Paz Varela no tiene ya una calle, pues ésta fue renombrada como Arturo Paz Varela. ¿Sortea eso la Ley andaluza que está implantándose? Parece que no.

Es de sentido común retirar honores a quienes lo obtuvieron por formar parte de un régimen dictatorial. Depende del relato con el que PSOE, Ganemos e IU se involucren en un proceso que generará rechazo no sólo entre los descendientes de estas personas, sino también entre una parte de la población que considera este asunto abrir heridas. Curiosamente, cuando se trata este asunto, suele salir a relucir eso de que hay cosas más importantes como el paro en la ciudad. ¿Por qué no surgió ese rechazo cuando se puso un busto a Pemán o cuando se puso una glorieta a Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei? Y no podemos pasar por alto que ese rechazo es pronunciado a menudo por ciudadanos y ciudadanas que ni son de derechas ni defienden la dictadura. La batalla será, una vez más, cultural, la de tratar de convencer que no se trata de revanchismo puro y duro, sino de una cuestión de Justicia. De sentido común. Hay personas en nuestra ciudad que merecen una distinción más que aquellos que llegaron al poder de la mano del franquismo.

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