Con Manuela no hay quien pueda

A Manuela Vargas le haces una broma y sonríe. “Si te coge aquí en Navidades, hacemos una zambomba”, se le dice. “Invito yo a la primera si para entonces he cobrado”.

Manuela Vargas lleva ya un mes, día arriba y día abajo, apostada frente al hotel Tierras de Jerez, donde trabajó hasta junio. Cobrar mal no fue la razón por lo que dejó de ser allí ‘kelly’ o camarera de piso. El problema era que llevaba ya dos años de demandas reclamando su salario. Siempre había algo a deber. Un mes, dos, tres. Llegó a la rescisión del contrato con la propiedad, Alojamientos Jerezanos SLU. Se le pagarían 45 días por año trabajado, el máximo legal, al tratarse de una rescisión por impagos. En el juzgado, la propiedad aceptó y acordó un plan de pago sobre una deuda de más de 30.000 euros. Serían diez pagos mensuales a cobrar los días 15.

En el acuerdo, la propiedad aceptó una cláusula, la de vencimiento anticipado. Si incumplía con los pagos, Manuela tendría derecho a cobrar la cantidad completa de la deuda. Es un tipo de cláusula que se incorpora a muchos pagos a plazos en el día a día. Esos impagos llegaron, denuncia Manuela, y decidió entonces echarse a la calle con una pancarta y una silla de playa hasta que se solucionara.

Cuando se dio a conocer su caso, hace un mes, había cobrado solo la primera mensualidad. Activó la cláusula por el incumplimiento y el Juzgado comenzó a tramitar su reclamación. El caso se había vuelto mediático y el propietario del hotel pagó entonces los plazos que había dejado a deber a Manuela.

La sorpresa e indignación llegó a comienzos de esta semana, cuando el juzgado anuló la vista sobre esos impagos. La Ley lo dice: el hecho de que se trate de un vencimiento anticipado impide que se recuperen los plazos, la parte afectada obtiene entonces el derecho a reclamar el 100% independientemente de que el deudor se ponga al día. Entonces, ¿por qué anuló la citación el juzgado?

El vencimiento anticipado lo han aplicado históricamente los bancos a las hipotecas. Se consideró cláusula abusiva. Una cláusula abusiva es aquella que se impone sin derecho a la negociación en la práctica que hace que las dos partes de un contrato no se encuentren en igualdad de condiciones. Ni que decir tiene, los bancos han aplicado décadas esa cláusula y los juzgados les han dado la razón cuando han reclamado el vencimiento anticipado aunque el deudor se hubiera puesto al día. Esa cláusula es abusiva en las hipotecas, pero si dos partes la negocian en igualdad de condiciones, tienen derecho a que se imponga. Esa cláusula hacía Justicia a los años de pagos tardíos y a la acumulación de un montante de más de 30.000 euros por una relación laboral.

Manuela te mira. Se le llenan los ojos de lágrimas pero no llora. “Ahora me deben con intereses 26.000”. Es menos que los 31.000, claro, pero tiene derecho a pensar que si levanta el campamento, volverá a no cobrar. “Ya te lo digo yo, si recojo esto dejo de ver esas mensualidades”.

A Manuela le haces una broma y sonríe. “Si te coge aquí en Navidades, hacemos una zambomba”, le decimos el periodista y varias componentes de la Marea Violeta de Jerez. Sonríe, y te dice que si “pa entonces he cobrado, a la primera invito”. Querría invitar, pero a Manuela le hace falta, porque es una curranta y hay necesidades en casa, pero nadie le aceptaría la ronda a Manuela. ¿Quién aceptaría?

Manuela espera a que apagues la grabadora y te cuenta algo más con algún detalle.

Una clienta del hotel, ridículamente, mira la pancarta que ha colocado la Marea Violeta junto a Manuela en el suelo, hace como que no la ha visto y pasa con su maletón a ruedas. Le dicen que tenga cuidado, que si no ha visto la pancarta. Cuando ve que ya la ha pisoteado, quién sabe por qué, cuando ha llegado a un extremo de la pancarta, hace el ademán de volver para atrás como la que se quiere retirar pero con un obvio afán de volver a pisarla.

A Manuela la acompañan los grupos feministas y las asociaciones de ‘kellys’ de Andalucía, que la visitaron recientemente, porque su pelea es la de un colectivo en lucha desde hace un par de años reclamando mejores condiciones laborales; porque en los despachos se sientan hombres y las habitaciones las limpian mujeres, quién sabe hasta cuándo, en una proporción casi absoluta, por más que sobre el papel diga que todas y todos somos iguales.

Manuela dice: “Yo no he estudiado mucho, por desgracia, mis hijos sí están estudiando, pero yo no, y yo no sé mucho de política, yo sé qué es lo que es de Justicia, y esto, aquí, no hay Justicia. Han venido a apoyarme gente de todos los partidos, pero los políticos aquí hoy no son los que me deben dinero, aunque sí permiten que pasen estas cosas. Al final la Justicia están para los que tienen dinero”.

Manuela dice: “Muchas gracias, de verdad, la gente se está portando muy bien. Me lo dicen, que en Facebook y eso me apoyan. Yo lo agradezco [se emociona más pero sigue sin llorar. Para unos segundos]. (…) Los bares de alrededor, la zapatería, todo el mundo, en la tienda de aquí, Manuela, ¿quieres algo? Hay madres de trabajadores que le mandan la comida a sus hijos aquí al hotel y les dicen ‘Toma, esto para ti, y esto se lo llevas a Manuela'”.

Manuela se levanta desde hace un mes, deja a su hijo en el colegio y se pone a las puertas del hotel. “Estoy cansada, pero de aquí no me voy hasta que me den lo que me deben. Estoy cansada. El otro día me llevaron con un ataque de ansiedad. Esto no es vida. Llego a casa por la noche, y la cena y me acuesto. No puedo más, que estén haciendo esto conmigo, y con tanta gente. Ojalá de gente como yo se llenen las calles en Jerez. No soy la única. Yo estoy luchando. Ya veré lo que hago cuando me paguen. Me dicen que si no tengo miedo a que no me contraten en otro lado luego. Ni lo he pensado, de verdad, ya veré lo que hago”.

Manuela dice lo de la zambomba, y sus ya amigas de la Marea Violeta la animan, sonríen. Rompe el alma ver a una trabajadora a la que ha vencido la desesperación, que con cada lluvia lanza su imagen a Facebook a explicar que la lluvia no hace que se vaya de la puerta. Se echa un plástico y allí espera viendo llover como quien ve llover. “Estoy cansada, pero no me voy”. Doblá, pero no partía, como dijo aquella ministra. Con sus palabras de enorme carga política y revolucionaria. Con Manuela no habrá quién pueda.

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