Romero: “Con la tensión y el calor, perdí seis kilos durante el Mundial de 2002”

La leyenda del fútbol jerezano Romero es un crack familiar, sin instagram. Creció en el Flamenco, le metió un golazo de falta al Madrid, Parreira le reconvirtió en lateral y levantó una Liga y una Copa con el Dépor. 

Foto: CRISTÓBAL ORTEGA

Enrique Romero (Jerez, 1971) es futbolísticamente sólo Romero, aquel lateral izquierdo espigado y técnico de los mejores años de la historia del Dépor. Un supercrack que jugó un Mundial y que bajo las órdenes de Irureta levantó la Liga del año 2.000. Fueron muchas coberturas por la banda izquierda a un ídolo gallego, el legendario Fran. Pero su carrera le dio más éxitos. 400 partidos en Primera lo atestiguan.

Comenzó en el Flamenco, club de cantera jerezano del que salieron muchos profesionales. Al finalizar su etapa como juvenil, aceptó la oferta del Atlético Sanluqueño, que entonces militaba en Segunda B. Allí coincidió, por ejemplo, con Dieguito. Fue la primera experiencia profesional. Para entonces, ya apuntaba a la élite. “Siempre he creído en mí, fui mi cabezón para llegar donde llegué”. Por entonces jugaba como interior izquierdo, y como tal lo fichó el C. D. Logroñés, de Primera División. Era una ciudad pequeña con el único objetivo de salvarse de categoría. Tras dos temporadas alternando el primer equipo con el filial, en su tercera temporada acabó siendo una perla del fútbol nacional. Recuerda una actuación en el Camp Nou, donde hizo la jugadas de los dos goles riojanos. Poca broma con el golazo de falta directa que le hizo al Real Madrid. Pero el gran salto estaba por llegar.

Fue fichado por el Valencia en el 94, y a sus 24 años se vio a las órdenes del entenador que acababa de hacer Campeón del Mundo a Brasil, Carlos Alberto Parreira. Algo vio en él el mítico preparador brasileiro para reubicarle en el campo. Pasó al lateral izquierdo. Los equipos de élite, como era el Valencia, exigían a sus carrileros una gran técnica y mucho recorrido para apoyar el despliegue de los interiores. La operación entonces fue convertir a un atacante en defensor. “Yo lo que quería era jugar, fue una transición, fue duro”, rememora el crack jerezano.

La exigente plaza de Valencia propició una nueva renovación del conjunto, que no con Mazinho o Romario estaba satisfecha. Volvió una renovación y cinco de sus futbiolistas acabaron en el recién ascendido Mallorca. Aquel inicio de la temporada 1997 generó dudas en Romero. Era una incógnita. Se puso a las órdenes de un tal -nótese el irónico tal- Héctor Cúper, que puso quinto en la clasificación a los bermellones y los llevó a la final de Copa, donde sucumbió ante el Barça en los penaltis. No lo podía saber al principio, pero la historia ha demostrado que aquellos eran jugadores de primer nivel, como Roa, Iván Campo, Valerón, Stankovic o Ezquerro. Muchos acabaron volando a otros destinos. Llegó a sonar para el Real Madrid. “Hay alguna portada en casa guardada: ‘Objetivo Romero’ decían. Pero el Dépor pagaba el doble o el triple que lo que ofrecía el Madrid”.

Asi acabó en Coruña, que reconstruía su prpyecto tras el frustrado SuperDépor que perdió la Liga con un penalti fallado en el último minuto. “El primer año el vestuario fue complicado, había gente de muchas nacionalidades y al final de temporada salieron algunos para llegar nacionales. Eso mejoró la convivencia”. Y pum, Romero llegó a campeón de Liga como titular indiscutible. Luego, llegaría una Copa del Rey, en el Bernabéu, protagonizando el ‘Centenariazo’. “He jugado tres finales de Copa y he perdido dos. Ganamos la que creíamos más claro que perderíamos, porque era en el Bernabéu, contra el Madrid, el año de su Centenario…”.

-¿Qué siente un futbolista cuando está a un partido de ganar la Liga, o en una final de Copa?
-Cada uno sale al campo a su manera. Cuando estás en una competición importante, si ganas sabes que eres un campeón. Siente la responsabilidad, también la satisfacción de un trabajo ‘cojonudo’. Si miras atrás es cuando te das cuenta. A nosotros, en Coruña, a veces nos pitaban y nos querían matar, y ahora la afición se da cuenta de todo lo que hicimos [Acaban de bajas a Segunda División].
-Coincidió con Irureta, ¿cómo era dentro del vestuario?
-Tenía muy buen carácter, son mano dura, tenía las cosas claras. Coincidió en un equipo con mucho carácter, y pasaron cosas que pasan en las mejores familias.
-Como aquel cabezazo de Djalminha a su propio entrenador.
-Eso y alguna cosa más, pero hizo un gran trabajo.
-¿Qué te dice un entrenador antes de un partido así, en el que te juegas una Liga, por ejemplo?
-Pues, como los jugadores, cada uno es distinto. Me han entrenado Parreira, con un Mundial, Cúper, Carlos Aimar, del Logroñés, o Luis Aragonés, en la Selección. Los hay más motivadores, más tranquilos, más nerviosos. Estando en esa situación sabes que estás en un momento histórico, la charla suele ser esa, que nos queda poco y que pongamos la carne en el asador.

-Siendo jugador del Deportivo debuta con la Selección. ¿Qué partido fue?
-Pues no lo tengo claro, sé que fue en Croacia. A ver… (Mira el móvil). Sí, en el año 2000.
-¿Cuándo supo que debutaría?
-Pues siempre se rumorea, pero la Federación manda antes un fax al club para avisar de que te van a llamar. Te enteras un poco antes de que se haga público.
-¿Cómo es el momento después de un éxito?
-Pensaba que me cogería una cogorza después de ganar la Liga, pero no, volví sobrio a las siete de la mañana. Fue muy bonito. No soy una persona muy expresiva, no vivo la parafernalia del fútbol. Hay alegrías muy grandes, como el verte en una lista para participar en el Mundial. Ves que los sueños se cumplen, pero ya te digo, no soy muy efusivo.

La Selección. Poco después de retirarse llegó la primera Eurocopa en color, la de 2008. En el Mundial de 2010 fue titular en el lateral izquierdo Joan Capdevila, que fue varias temporadas su suplente en el Dépor.

-Cuando llegó 2010, ¿no lamentó no haber nacido cinco o seis años más tardes?
-No, pero fue muy bonito, viví la Copa del Mundo como cualquier aficionado. Un poco de envidia sana es normal. No pensé tanto en mí como en otros, como Zubizarreta, Raúl, por ejemplo.
-El de 2002 fue, quizás, el primer Mundial en mucho tiempo en el que se vivió la ilusión de hacer algo grande. Fue titular en el fatídico partido de Corea. ¿Fue consciente de lo que se había generado en España?
-Me tocó el Mundial que más lejos se disputaba, en Japón y Corea, vaya tela. No nos dimos cuenta hasta que volvimos a Madrid tras la eliminación, el gran apoyo que nos dio la gente, que nos recibió en Barajas. Allí estábamos más aislados. Yo tenía muy buenas sensaciones, que podríamos hacer un papel importante. Teníamos eso de la maldición de Cuartos, que precisamente nos eliminaron en Cuartos. Bueno, nos echaron, que hasta las declaraciones que han hecho los árbitros luego lo reconocen. Tuvimos esa mala suerte, que la consigna era la que era y Corea tenía que pasar.
-Confírmeme, ¿es cierto que aquel penalti que falló Joaquín le tocaba a usted tirarlo y prefirió no hacerlo?
-Es cierto.
-¿Le dio vueltas luego, eso de ‘y si lo hubiera tirado yo’?
-No, a lo mejor lo habría mandado a las nubes. Yo llegaba muy cansado, después de la temporada, la prórroga ese día, la tensión, el calor… Llegué al Mundial con 82 kilos y volví con 76. Físicamente, tu cuerpo a un Mundial llega en bajada, pero es inevitable. Me habría tocado tirar el siguiente penalti.
-Fue un arbitraje escandaloso. ¿Cómo vivió los momentos posteriores?
-Viví poco la tragedia, porque me llamaron para el control de dopping. No viví el drama, la frustración, la tragedia, Helguera queriendo matar al árbitro, esa rabia…
-¿Durante el partido era consciente del atraco?
-Vives en el partido, eso se ve mejor fuera. Tres goles anulados… Sí que íbamos con la mosca detrás de la oreja. Ya se vio hacia dónde iban los tiros con los Octavos que jugaron contra Italia. Pero no se piensa eso. Todos nos podemos equivocar, el árbitro también. Pero es que fue muy descarado. Lo ves ahora y dices de dónde se saca esa decisión. Si hubiéramos tenido el VAR [revisión en vídeo de jugadas importantes, que se aplica desde este Mundia], habría sido otra cosa, aunque el VAR no me gusta. Da rabia por las circunstancias que lo rodearon.
-¿Se disfruta en un Mundial o se sufre?
-Ambas cosas. No estás de vacaciones, estás jugando algo muy importante, una cosa que has soñado desde pequeño, pero se sufre.
-Dice que no es expresivo, pero, por dentro, ¿uno se emociona?
-Evidentemente, jugar en la Selección emociona. Escuchar un himno impresiona. Piensas en muchas cosas, es para vivirlo. No sé qué campo era, pero jugamos contra Inglaterra allí y estas en ese estadio lleno, escuchando el himno, es una experencia emocionante, única.

Los años fueron transcurriendo y Romero salió del Depor para recalar en el verano de 2006 en el Real Betis. Y sí, hubo una oferta del Xerez que no fructificó. “Fue una mala temporada para el Betis, de mucho desgaste. Al acabar, decidí retirarme. Físicamente estaba bien, podría haber jugado hasta cuatro años más. Tenía opción a renovar con el Betis, de hecho cumplí los partidos para la opción, pero ni ellos querían que siguiera ni yo quería seguir. Esto no daba”, se señala la frente, “y si eso no da… No sé si hice bien, pero es lo que hice”. Psicológicamente, tantos años en la élite, muchas disputando tres competiciones, le habían hecho mella. “Primero fui al Betis porque quería volver al Sur, tener más cerca a la familia. Yo soy muy jerezano y muy familiar. Cuando juegas Liga, Copa, Champions, a lo mejor duermes tres días a la semana en casa…”.

El verano de 2007, tuvo una segunda oferta para jugar en el Xerez. Fue el año de su ex compañero en Valencia y Logroñés Antonio Poyatos. “Soy muy amigo de Miguel Ángel (Rondán) y de Poyatos, y me insistieron que firmara un año más, que no me retirara. Empecé entrenando dos semanas esa pretemoprada con el Xerez, pero si hubiera jugado aquí no habría pasado desapercibido, que en ese momento es lo que yo quería. Ir a por tus niños al colegio, ir al cine… Hay gente que dice cosas, que te puede insultar, y yo ya no quería eso. No me gusta todo lo que rodea. Una persona trabaja en un banco, y al acabar nadie le para por la calle. Pero no fue por las barbaridades que se dijeron. Un periódico publicó que Romero pedía 200 millones de pesetas, y eso es totalmente falso”.

Romero es un supercrack tranquilo, sin Facebook, ni Instagram, ni grandes titulares. “Estuve dos años como capitán del Dépor en los que no hablé con la prensa. Ves a futbolistas que porque juegan contra la Roma esa semana se hacen fotos vestidos de romano… Yo no soy así, no me gusta la parafernalia del fútbol. A lo mejor eso ha ido en mi detrimento, pero no soy mediático. No me gustan las entrevistas ni los periodistas”.

¿Y la vida después del fútbol?

-¿No se ve de entrenador?
-No me he sacado el carné, y eso que para los que hemos jugado a este nivel en un año sacas hasta el tercer nivel… Pero es diferente cuando eres un futbolista, un trabajador, a cuando tienes que tomar otras decisiones. No sé, no me gusta. Soy muy atípico, veo muy poco fútbol. Al principio, tras retirarme, lo practicaba. Pero ahora sobre todo salgo a correr.

Foto: CRISTÓBAL ORTEGA

-Le voy a pedir que se moje: Xerez Deportivo FC o Xerez Club Deportivo.
-Pues no soy anticosas, y me voy a mojar pero quizás no a darte la respuesta que quieres. Hay más equipos, está también el Industrial, o el Guadalcacín, que es una pedanía pero fue el único en categoría nacional. Ahora, por suerte, también están el CD y el FC. Me quedo con todo eso. Porque el ‘anti’ no debe existir, ni en el fútbol ni en ninguna parte. Hay que apoyar lo suyo sin tirar a nadie.
-Es duro eso de ver el xerecismo así, ¿no?
-Yo es que no le veo explicación ni sentido, pero las cosas pasan, no sé. Veo una rivalidad insana, una maldad insana, no me entra en la cabeza. Que yo quiera ir con mi niño a apoyar a mi equipo y me pueda llevar un botellazo por ser de uno o de otro… El fútbol es para disfrutar.
-Hay mucha visceralidad. Como por ejemplo, aquella vez que vino Kiko a jugar con el Extremadura a La Juventud y le dijeron de todo.
-No se entiende, no se entiende. En el Xerez no he jugado nunca, que no me habría importado, pero tampoco en el Cádiz, y a mí me han llegado a decir mercenario. ¿Yo he hecho algo? ¿Qué he hecho malo? Me han pitado en Chapín, en un partido de artistas y famosos, metí dos goles, uno de vaselina… Y me pitan. ¡Madre mía! Yo amo Jerez, vivo aquí, soy muy jerezano, pero a veces no se valora a la gente de Jerez. En España se mata a Antonio Lobato por defender a muerte a Alonso. ¿Por qué no? ¿Qué va a hacer? ¿Defender a Hamilton? He visto a José Mercé pitarle una Fiesta de la Bulería. ¿Por qué tiramos a la gente de Jerez? ¿Por qué no la apreciamos?

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