“A las ‘kellys’ nos tratan como si fuéramos lo último del hotel”

El colectivo de camareras de piso acude a Jerez a apoyar a Manuela Vargas, que reclama los 30.000 euros que le debe el Tierras de Jerez.

Pepa Báez es una de las ‘kellys’ andaluzas que se ha echado a la calle a reclamar una mejora general en los derechos del colectivo de camareras de piso de hotel. La externalización ha acabado con los pocos derechos de estas trabajadoras, permitida por las últimas reformas laborales. “Somos las precarias del ‘boom’ turístico, pero ahora nos echamos a la calle a reclamarlo porque esta situación no se podía aguantar”.

“De tantas situaciones extremas de las kellys, ella ha tenido el valor de echarse a la calle a protestar”, dice Báez en referencia a Manuela Vargas, que lleva dos semanas apostada a las puertas del hotel Tierras de Jerez reclamando a la propiedad que le pague los 30.000 euros que le debe, una deuda reconocida ante los tribunales y cuyo pago, denuncia la afectada, ha incumplido el hotel.

“Estamos explotadas. Sufrimos una gran sobrecarga de trabajo, y pedimos una jubilación a los sesenta años porque sufrimos muchísimas enfermedades laborales que nos impiden terminar de trabajar a los 67 años”. Fuentes del sector confirman que las camareras de piso casi nunca consiguen terminar de trabajar a tan avanzada edad, pues el castigo al cuerpo es enrome. “Sufrimos muchas tendinitis, síndormes del túnel carpiano, dolores de espalda, de huesos por todo el cuerpo. A cualquier persona la animamos que se pongan una semana en nuestros zapatos y realicen este trabajo en nuestras condiciones. Y más en una población de costa. ¿Es normal que paguen lo mismo, menos de dos euros, por una habitación con una cama que con cuatro? Nos dan el mismo tiempo para realizar ese trabajo que el de una habitación sencilla. Al final, para cumplir con la jornada, echamos muchas horas extra que no nos pagan”.

El daño ha sido paulatino a sus condiciones laborales. Al externalizarse el servicio, casi siempre trabajando como falsas autónomas, los hoteles han ido prescindiendo de más y más trabajadoras para hacer cada vez más trabajo. “Si ven que tiran con 20, pues echan a una y mañana a cada una le tocan dos o tres habitaciones más. Por el mismo sueldo y en el mismo tiempo”, denuncia Báez.

“Estamos acostumbradas a aguantar, por la situación en la que nos encontramos. El sueldo en nuestros hogares depende de nosotras. Somos casi todas mujeres”.

Manuela Vargas agradece emocionada el desplazamiento de sus compañeras hasta Jerez. “Yo con esto me doy prácticamente por satisfecha, el hecho de que se escuche, aunque voy a seguir aquí delante del hotel hasta que me paguen. Trabajamos como burras por una misera, muchas veces sin cobrar. No tenemos la capacidad de agunatar hasta los 67 años, no porque no queramos, sino porque no se puede. Nos tratan muy mal. La camarera de piso es la mujer invisible que te quita la mierda, eso es una camarera de piso. Si la cafetería no te gusta no te importa, porque te vas a otra. Pero si el hotel está sucio, no vuelves. Y el empresario eso no lo mira, que esté más o menos limpio no le importa, o en las condiciones en las que esté. Somos lo último del hotel”, indica Vargas.

“No es cuestión de pérdidas, porque no las tienen”, añade Báez. “Es una cuestión de ganar más dinero. Es capitalismo salvaje y lo aguantamos nosotras. Saben de nuestras necesidades y nos aprietan y aprietan. Los derechos nos los han ido quitando, agachas la cabeza. Y encima venden que el turismo es lo mejor, y no se ve lo reventada que estamos”. “Si se hace dignamente, es un trabajo como otro cualquiera, pero tienen que preocuparse la inspección de trabajo, y los sindicatos, que no se han acordado hasta que hemos salido a la calle”.

Manuela Vargas continúa sin novedades. “Me dice que me paga cuando lo tenga, pero eso es como decir que no me va a pagar nunca”, lamenta.

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